NUEVOS SOCIOS YA TIENEN SU PRIMER 5MIL
ISHINCA (5,530 m.s.n.m.)
Como
toda aventura en Huaraz, el punto de encuentro fue el viernes en
la noche en la estación de buses – esta vez fue Cial en Lima – la
cuenta regresiva había comenzado.
Paul,
Miguel y yo llegamos a la ciudad de Huaraz el sábado como a las
7:30 am, nuestro guía, Alberto Hung, nos recibió con un fuerte abrazo
y con una mirada alegre y traviesa, como diciendo “¿Listos?”.
Felizmente un buen clima nos acompañó durante todo el fin de semana,
Huaraz nos recibió con un agradable sol y así nos fuimos a tomar
un desayuno regional – bien taypá – pues se nos venía una caminata
de aproximadamente 3 horas – desde el pueblito de Pashpa hasta el
Campamento Base del Ishinca.
En
Pashpa nos esperaba nuestro arriero, Don Daniel, quien nos siguió
de cerca durante el trek a través de la quebrada Ishinca. Tuvimos
un día lleno de quiñuales, piedras blancas a lo largo de todo el
río y extensas pampas donde pastaba ganado. “El campamento base
del Ishinca es el más grande de Huaraz” - afirmó nuestro guía. Era
cierto, vimos una pampa extensa atravesada por el río de la quebrada
y, por ser la temporada, estaba poblada de tiendas de colores de
otros montañistas entusiastas como nosotros, claro, siendo nosotros,
me atrevería a afirmar, los únicos nacionales.
Luego
de instalar el campamento, nos dispusimos a arreglar nuestro equipo,
dejamos todo listo, cenamos, y a acostarse temprano, pues la verdadera
aventura comenzaría en la madrugada del domingo. A la 01:00 am ya
estábamos de pie y con un poco de frío. Tomamos un desayuno ligero
y emprendimos la marcha. La ruta era un camino bastante marcado
y zigzagueante de subida hasta bordear la laguna Ishinca; luego
de una hora más de caminata, pasando por dos áreas de morrenas,
llegamos a la base del nevado – ya había amanecido.
Los
nervios aumentaban y la adrenalina también. Nos preparamos con el
equipo de montaña y nos encordamos con Alberto a la cabeza, yo,
Miguel y Paul cerraba la cordada. El cielo estaba limpio y azul,
el Ranrapalca nos veía pasivamente, los Urus estaban sobre nuestro
hombro izquierdo. Delante nuestro se podía apreciar una sección
grisácea cubierta de hielo, seguidamente un largo camino que cruzaba
grandes rampas de nieve, una pared empinada y la cumbre. A pesar
de mis dudas acerca de si lo lograría o no, pues ya estaba cansada,
el ascenso empezó y ya no había marcha atrás. La sección grisácea
resultó ser una zona de grietas. Alberto nos decía que pisemos por
donde él pisaba, pero a cada paso que dábamos, sonaba como que si
algo se rompiera. ¡Qué miedo! Pensé en todos los nudos y sistemas
de rescate y autorescate. Felizmente nadie se cayó.
Luego
empezaron las rampas de nieve, Miguel pensó que hasta aquí nomás
llegaba, que la cumbre se hacía cada vez más lejos. Sintió el sol
sobre su cara y por primera vez a cada paso que daba la cabeza le
explotaba. Sin embargo, pensó: “Ya estoy aquí, estoy subiendo, avanza
nomás, ya llegaremos”
Mientas ascendíamos de vez en cuando se nos escuchaba: “¡Vamos!
¡Sí se puede! ¡Fuerza!”; también se escuchaba a Alberto diciendo:
“Pasito a pasito vamos a llegar”, “lo importante es mantener la
respiración constante, vamos Mary”. Hasta que por fin llegamos a
la pared empinada. Alberto marcó el camino clavando los crampones
y el piolet como si estuviéramos subiendo por una escalera. Luego
de unos 12 pasos, cuando toda la cordada había superado aquella
pared que nos separaba de la cumbre, nos dijo: “Chicos, ahí está
la cumbre, disfrútenla que es toda suya”.
En
este momento, hubo una explosión de sonrisas, incredulidad, alegría,
abrazos, emoción y lágrimas de la señorita del grupo – no pude evitarlo
– ahí estábamos, sentados uno al lado del otro en la cumbre del
Ishinca a 5,535 msnm.; aunque las fotos oficiales ocuparan sus manos,
Paul elevó sus pensamientos: Miedo, mi fuerza, cobardía, verdad,
valor, dudas, perseverancia, amistad, mis valores, mis creencias,
mis pasiones, mis decisiones, mi yo interior, en el mundo solo un
ente me ha mostrado todo lo que encierra mi ser: La montaña ni más
justa ni más honesta. Analogía de la vida, nunca las venceré, por
ellas creceré. Mis amigos, mi cordada, todo esto, la montaña, espejo
que muestra mi alma. Es un regalo de mi creador hacia nosotros pequeños
grandes hombres, más grandes con cada mil superado. El Ishinca,
Apu Ishinca, tu fuerza es ahora mi fuerza. Grata experiencia Miguel,
María Luisa, Alberto, para ustedes toda mi confianza, fuerza y mi
aprecio, esto recién a empezado
Siempre
vamos a agradecer a nuestro guía y maestro Alberto Hung por habernos
brindado una excelente iniciación en nuestro camino de montañistas,
en nuestro primer 5,000. A los Apus les tenemos que agradecer que
nos hayan dejado llegar hasta su cumbre y nos hayan permitido bajar
a salvo, les respetamos y admiramos como grandes señores que son.
Redacción: Maria Luisa Aguirre, Miguel Chia y Paul Huaman
SOCIOS CAMYCAM
@ julio 2010
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